El trabajo en la mina San José

nov 2010

El trabajo inseguro en algunas minas

Vista de faenas mineras

En una mina del norte de Chile, llamada San José, se produjo un derrumbe el pasado jueves 5 de agosto, producto del cual 33 mineros quedaron atrapados en la zona más profunda de la mina, a casi 700 metros de profundidad. Esta desgracia sumió en la desesperación a sus familias, amigos, compañeros y al país entero.

Desde el primer momento se intentó el rescate. Después de muchos esfuerzos, se logró dar con el paradero de ellos, tras 17 angustiosos días. Esto a través de un agujero en que apenas cabía una mano empuñada, desde el cual hicieron llegar un papel con una frase ya famosa: “Estamos bien en el refugio los 33″. A pesar de las penurias sufridas, se encontraban todos relativamente bien.

Mientras familiares y amigos acampaban cerca del lugar de la perforación, el número de integrantes de equipo de rescate comenzó a crecer.  Finalmente se logró hacer un pique de 60 centímetros de diámetro y casi 700 metros de profundidad. Después de haber pasado 69 días enterrados, pudieron ser rescatados, uno a uno, en una cápsula que se deslizó a través del pique, en una impecable operación que duró 24 horas.

Sin embargo, hay algunas consideraciones que sería oportuno expresar. Primero, el Gobierno se involucró totalmente en el rescate. El Presidente de la República, al enterarse de la tragedia, interrumpió una gira por algunos países sudamericanos para estar con los familiares de los mineros, visita que repitió varias veces. Un ministro, el de Minería, estuvo permanentemente yendo al sitio de la tragedia, fue el portavoz que mantuvo informado al país acerca del estado de los trabajos de rescate, los sucesivos planes, esperanzas, fracasos y éxitos.

Tampoco se escatimaron recursos para apoyar los trabajos y a las familias. Si todo hubiese fallado, el Gobierno estaría pagando el costo, pues el fracaso sería atribuido inevitablemente a quien lideró las faenas de rescate, no importa cuán bien lo haya hecho. Más aún, si no permitió otras opciones. El Presidente y su Gobierno se la jugaron enteros, con un gran riesgo y tuvieron éxito.

Segundo, esta situación es consecuencia del absoluto desprecio que hay en Chile por lo que es la seguridad. Es común que quienes desarrollan trabajos riesgosos, crean que son suficientemente hábiles como para estar a salvo de cualquier amenaza. Y quienes los emplean piensan igual.

Por ejemplo, fui testigo de los trabajos de mantención que se realizan en la iglesia de San Francisco, en el cerro Barón de Valparaíso. Casi a diario vi cómo los trabajadores caminaban por planchas de zinc del techo abovedado, a más de ocho metros de altura y llevando objetos en cada uno de sus brazos, sin protección alguna. De llegar a resbalarse, sería una muerte segura.

Se la calificaría erróneamente como “accidente laboral”. La realidad es que sería una muerte por negligencia. Negligencia del trabajador, demasiado confiado en sus habilidades; y de su empleador, por no proveerle de las condiciones de seguridad ni exigirle que cumpla su trabajo con las debidas protecciones. Finalmente, esa negligencia ocasionó un incendio que destruyó gran parte del templo y las construcciones vecinas.

La falta de conciencia en la seguridad se ve en los innumerables accidentes de tránsito, producidos por la conducción riesgosa e irresponsable. Cuántas veces hemos leído u oído que se produjo un accidente, con muertos y heridos, causado porque el conductor “perdió el control del vehículo”. Esa no es la causa, es una consecuencia de la conducción negligente, cuyo resultado fue el accidente.

Mientras en Chile se insista en trabajar en condiciones inseguras, confiando en la suerte y en la habilidad de los trabajadores amenazados, seguiremos teniendo accidentes laborales que se podrían haber evitado. ¿Quienes son los culpables? Generalmente empleadores y jefes, que no proveen las condiciones para un trabajo seguro, y si las hay, no obligan a someterse a ellas; y también trabajadores, que no toman las debidas protecciones.

¿Será esta una manifestación más de nuestra deficiente educación? En consecuencia, y como lección que deja este infortunado evento minero – con un final feliz – urge tomar medidas para que, en forma compulsiva, los trabajadores realicen su labor en forma más segura.

Me tocó vivir unos años en los Estados Unidos de Norteamérica. Es tanta la preocupación de la gente por la seguridad, que me pareció exagerado. Pero si no fuera así, en un país tan poblado, con un espectro tan amplio de tipos humanos, la vida sería en extremo insegura.

Otro aspecto que vale la pena comentar, es la lección de sabiduría que nos han dado esos 33 mineros atrapados en la mina San José. Cómo desde el primer momento se organizaron para sobrellevar su desgracia, cómo racionaron los pocos recursos de que disponían para prolongar su vida en condiciones tremendamente adversas. Cómo se  sometieron al liderazgo de los que tenían más experiencia, cómo se dieron ánimo para sobrellevar las condiciones que a la mayoría de nosotros nos perecen intolerables, y que tuvieron que aguantar por más de dos meses.

Quienes pensamos que los mineros, por su ruda profesión, son personas intelectualmente limitadas, hemos aprendido que no es así; por el contrario, su inteligencia nos ha dejado asombrados. En adelante, cuando oiga la palabra minero, sentiré una sensación de profundo respeto.

Esta historia ha tenido un final feliz: los mineros han sido rescatados, en una jornada que impresionó al mundo. Y han mostrado en forma impresionante cómo un país se puede hermanar en torno a un objetivo común, humano y solidario.

Pero también está mostrando un lado negativo. Y es el fuerte acoso del cual son víctimas los mineros desde su rescate. Es entendible que el público quiera saber de ellos, pero es necesario que se les permita reintegrarse a la vida normal. No puede empañarse un proceso que se ha desarrollado en forma impecable y ha culminado en forma exitosa, con un epílogo cargado de odiosidad. Todavía es tiempo de parar el acoso exagerado.

El trágico derrumbe de la mina San José, los esfuerzos para lograr rescatar a los mineros atrapados y el feliz resultado, que ha tocado a todos los chilenos y también a extranjeros, ha dejado a todos unas cuantas lecciones y temas para meditar. LM



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  1. 1

    Me pareció una excelente reflexión, felicitaciones. Emociona recordar.

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