Mi Calle

ago 2010

Mi calle.

Cada vez que pienso en ello, es como si quisiera volver y no me atrevo, algo me retiene, algo que es superior a mí, como el cielo, como el infinito cielo que me atrapa en su inmensidad y es como si me abrazara, como un cefalópodo con sus largas y octópodas extremidades. Mientras intento concentrarme en mis elucubraciones, miro a través de la ventana y observo como las nubes corren presurosas, tumultuosas, como manada de elefantes que huyen despavoridos en impetuosa estampida, sin rumbo ni destino.

En ocasiones, al observar por mi ventana, también veo mi calle y ella está ahí, siempre.

Más ustedes, estarán atentos, o al menos intentarán estarlos, dependiendo obviamente de su grado de interés, respecto de aquello que como una obsesión, profunda, permanente, incesante, avasalladora como un gigante y grande alud, se me viene encima, intempestivamente. De pronto, me distraigo, me sobresalto. Más no le doy importancia y sigo escribiendo. No obstante, me detengo y esta vez, me interpongo, dejo de hacer lo que estaba haciendo y escucho, ya son las tres de la madrugada y no se ve un alma en la principal. Debieron ser los perros, o los gatos, en fin, ambos cuadrúpedos, los unos o los otros, en ocasiones arman alboroto y barullo subiendo o bajando por las mudas e inconmovibles escalas de los callados edificios, que asustan y despiertan a cualquiera, separándote del placentero seno de Morfeo.

La principal, así la llaman todos, es una calle como todas las calles, tendida, quieta, impávida, tan larga y tan amplia a la vez.

Ahora, entrada ya esta temporada de marzo, en ocasiones, al observar por mi ventana, también veo mi calle y ella está ahí, siempre. Mi calle, es como todas aquellas calles, es la calle de mi población, es la calle querida y recorrida por todos.

Durante el verano, me daba gusto mirar mi calle, con alegría se la veía todo el día hasta entrada la noche. Yo disfrutaba a la vez con ella, al verla tan alegre, tan dada a todo y a todos; los muchachos estaban de vacaciones, disfrutando plenamente; con amplio gozo sus esperadas y largas, como cortas vacaciones.

A mi calle, yo la veía como una gran madre que recibe a sus hijos, siempre, en toda ocasión, pletórica y rebosante de felicidad. Con ternura inexplicable, indescriptiblemente mansa, comprensiva y devota se entrega a sus muchachos, cada vez que éstos la toman como escenario de sus travesuras y juegos.

Durante las vacaciones de verano, mi calle estaba siempre llena de juegos y mucho movimiento que, los chicos del barrio sin pensarlo siquiera, sin darse cuenta en su inocencia y en su permanente afán de juguetear, ninguno se detenía como yo lo hacía, a observar mi calle que, como mimosa chiquilla, toda coqueta y graciosa, también se entrega ávidamente a los juegos de cada uno y parece que no le importara recibir pequeños o grandes golpecitos de pelota, sin reparar si esta fuera de tenis o de fútbol.

Cuando más se alegra mi calle, es precisamente, casi terminando el mes de diciembre, porque justo en frente de mi ventana se monta un gran escenario con rampas de enormes camiones y en ese preciso lugar, casi en el centro mismo de mi acogedora y especial calle, se realiza una fiesta navideña a donde acuden todos los niños de la población.

Entonces, mi calle sí que vibra de alegría y, como un niño también, se presta gozosa a recibirlos y a disfrutar de todas las actividades que, previo a la entrega de regalos que hace el viejito pascuero, se va desarrollando con la participación de todos los niños y de todos aquellos que conscientes de sus habilidades y aptitudes artísticas han preparado con tiempo, canciones, villancicos, juegos, representaciones artísticas de variada índole y estilo, con el único propósito de que la fiesta sea más intensamente vívida y plenamente disfrutada por cada uno de los pequeños de distintas edades que en su gran mayoría son acompañados por sus progenitores que, también se unen como cabro chico a las algarabías y emocionantes momentos, que llegan a su máximo éxtasis cuando ven llegar al viejito pascuero que trae regalos para todos.

Mi calle, ya es una calle madura y con experiencias que cualquiera otra calle también quisiera tener.

Mi calle, a veces está sola y, pareciera que no le incomodaran los vehículos que tiene que soportar estacionados en sus orillas, ni demuestra la más leve evidencia de sufrir daño con aquellos que la transitan día a día, noche a noche y que ni siquiera se detienen al menos a expresarle sus agradecimientos, por tal generosa actitud de servicio, en la cual nadie repara ni reflexiona debida y detenidamente.

Es por eso, que yo quiero a mi calle, pero sé también que tal vez, yo sea el único que la quiere así, como sólo yo la sé querer.

Mi calle es tan fiel, es tan abnegada y callada. Mi calle, es majestuosa, es grande, es comprensiva y respetuosa de todos.

Veo y observo a través del tiempo que mi calle, ya es una calle madura y con experiencias que cualquiera otra calle también quisiera tener. Ella siempre pone su cara y soporta todos los embates de la naturaleza. Mi calle nunca se esconde y siempre permanece ahí, casi impertérrita a todo cambio y a todo suceso que pudiera mancillarla y agredirla gravemente, pero ella sabe que su acerada y curtida piel, como corteza de roble maduro, está preparada para soportar todos los avatares y todas las bofetadas de la naturaleza.

Durante el otoño, veo que mi calle se viste de engalanada alfombra dorada y juguetea con las hojuelas que la adornan, más lucha incesantemente con el ambicioso y egoísta aliento eólico que sólo pareciera querer quitarle su vestidura toda y privarla de su especial y apasionante momento, cada vez que puede, usando muchas veces de resuellos desmedidos que poco a poco la van desnudando otra vez, dejando ver una vez más, su pétrea estampa de señora dormida y acerada.

Ya ha transcurrido avanzada la noche y su manto gris parece que empezara a caerse, más yo sigo aquí, intentando retomar mis elucubraciones que sin querer y sin pensarlo me han llevado a reparar más en lo externo de mi existencia, que respecto del espejo de mis ansias y mis afanes desmedidos por querer traer el tiempo de regreso y revivir todos aquellos hermosos momentos vividos.

Inexorablemente el tiempo transcurre, casi sin darnos cuenta y mientras la avasallante aurora descorre completamente el velo de la tímida noche, yo sigo con mis pensamientos y con mis angustias de hombre soñador, evocando los acontecimientos más hermosos de mi vida, pero como un susurro, casi como un toquecito mágico de tibios y suaves pétalos, siento que los tenues y gráciles brazos alargados del sol comienzan a entrar por mi ventana, permitiéndome poder disfrutar nuevamente, de la álgida vida de mi calle, que poco a poco, es sacada de su letárgico noctambulismo, para entregarse como siempre, a los requerimientos de tantos personajes que, como actores de teatro empiezan a aparecer en escena, uno a uno; grandes y chicos, gordos y flacos, hombres y mujeres, niños y niñas, cada uno con su propia y especial indumentaria, cada uno, ataviado con su propio traje para representar su propio acto, sin ensayos, sin libretos, sin siquiera bambalinas; ni telares, ni candilejas; tampoco butacas, ni espectadores, ni aplausos.

Cada uno, es su propio actor y, cada uno es su propio y único espectador. Mas, mi calle, como ausente, como indolente y retraída de todo aquello que forma parte del diario vivir, de cada trabajador y de cada estudiante que comienza a surgir sobre la faz de su grisácea fisonomía, para cumplir y asumir con sus ineludibles y sagrados deberes, sabe que nadie reparará en ella y tampoco sentirán sensaciones o emociones inusitadas, si al menos, se enteraran que mi calle, aunque también es su calle, pero es más mía que de todos, está siempre tan sutilmente entregada a todos y a cada uno de ellos, para que su pasar y su trasladarse desde el hogar al trabajo o del hogar al colegio y viceversa, o cualquiera sea su destino, sea tan llevadero, tan simple, agradable y sin dificultades.

Que, servicio tan desinteresado, ad honórem, sin esperar nada a cambio; que paciencia la de mi calle, que tiene que soportarnos a todos, de día y de noche, desde que comienza la mañana, cada alborada y hasta que cae el manto de la inexorable e inexcusable noche.

Mi calle, ya debería estar completamente rebosante de reconocimientos, mi calle, ya debería ostentar el mejor de los títulos, más que certificados y diplomas; mi calle, debería estar condecorada de medallas y escrito su nombre con letreros luminosos que todo el mundo los viera y cada uno supiera que es la mejor y más calificada trabajadora que jamás haya existido y, con cuanta razón, si sus ancestros y genealógica existencia, así lo demuestran desde el principio de los tiempos.

Mas, mi calle sigue ahí, tan presta, tan entregada, tan callada y tan desapasionada que nada de dichos reconocimientos la atraen siquiera, mas sabe que su trabajo es todo servicio, es todo horario; es diario, mensual, anual y por el único y sagrado afán de servir, … sin esperar absolutamente nada a cambio.

Mi calle sigue ahí, seguirá ahí, pero aunque parezca sola, ella no sabe que tiene a un amigo que siempre la querrá, así tan quieta, tan inmutable, tan inconmovible y pétrea, con su faz acerada.

Mi calle sigue ahí, tan presta, tan entregada, tan callada y tan desapasionada.

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18 Comentarios , Deja un comentario

  1. Claudia Moreno

    1

    Me encantó, muy lindo!!!, te felicito.

  2. signe

    2

    Muy lindo, te felicito por este trabajo.

  3. 3

    BIEN JORGE, SIEMPRE TUVISTE SOLTURA DE LETRAS Y PALABRAS, Y CREO QUE EN ESTE TIEMPO DE MODERNIDAD HACE FALTA PULIR Y ENRIQUECER EL LENGUAJE, ASI QUE SIGUE ADELANTE EN ESTE PROYECTO CULTURAL Y LITERARIO, FELICITACIONES Y MUCHAS BENDICIONES.

  4. Maria Rosa

    4

    TE FELICITO POR TAN LINDO TRABAJO, ES LA ESENCIA Y LA HISTORIA DE UNA CALLE COMO MUCHOS RECORDAMOS EN NUESTRA LARGA VIDA.BELLOS RECUERDOS.

  5. Carlos

    5

    ME GUSTO EL ARTICULO DE MI CALLE, EN FB LES ESCRIBI QUE ME HIZO RECORDAR MI CALLE VICTORIA, EN MI NIÑEZ, RECORDAR CUANDO EL VENDEDOR VOCEABA LA ESTRELLA, SENTIR EN LA TARDE LAS CAMPANAS DE LAS IGLESIAS PROXIMAS, LES DECIA TAMBIEN RECORDE EL OLOR AL PAN TOSTADO Y TE, ESE DE VERDAD, EL QUE PREPARABA LA ABUELITA QUERIDA EN LARGAS TARDES INVERNALES, DE VERDAD ME GUSTO PORQUE TRAJO A MI CORAZON, EL PASADO QUE SOLO AHORA SE QUE FUE MARAVILLOSO.
    UN ABRAZO A TODOS UDS.
    CARLOS

  6. erika

    6

    ES GENIAL!!! IMAGINARSE LOS RECORRIDOS DE LA CALLE…

  7. lucy

    7

    muy bueno, lo encontre genial te felicito, espero sigas desarrollando este don maravilloso de la escritura que por cierto lo haces desde mucho tiempo.Esto es justamente lo que necesitamos en nuestro país “cultura”.

  8. Angel

    8

    Felicidades por tu nuevo espacio
    Hermoso relato el que publicas, me alegra que tu “don escondido” lo saques a la luz para deleite de quienes añoramos los tiempos en que las letras eran un arte muy apreciado.
    Gracias por invitarme a compartir tu ventana.

  9. Nicole

    9

    Felicidades! Tio por sus logros muy lindo el poema eso si con muchas palabras rebuscadas. Siga explotando sus habilidades y dones que Dios le dio la facilidad de expresarse de una forma tan peculiar y linda.
    No se si recuerda que cuando chicas usted nos leyo el poema a las tres juntas y nos hablo de su sueño, “que mejor ejemplo que los sueños son alcanzables”, Viva la principal! . Exito en todo lo que ha de llegar para ustd.

  10. Nancyta

    10

    Felicitaciones… Tuve la suerte de conocer hace muchos años atrás esa calle y la lectura detalla momento a momento el diario vivir… Fue un regresar con otra mirada, observando aquello que lo cotidiano oculta, valorando su existencia.
    Felicitaciones, a continuar escribiendo.

  11. Angel

    11

    Felicidades….. te deseo lo mejor, que tus bellas palabras lleguen a deleitar a todas las personas que gustan de la buena lectura y de tu maravilloso vocabulario.
    tu amiga de siempre que nunca te olvida.
    Andrea Gamboa.

  12. Cristina Villanueva

    12

    Felicitaciones Jorge!! realmente maravillosa tú capacidad de inspiración y tú facilidad para las letras, muy bello, bellísimo!!! continúa deleitandonos con tu hermoso trabajo, tú amiga que siempre te recuerda Cristina

  13. sonita

    13

    Nuevamente un gran trabajo, palabras llenas de franqueza y esa maravillosa capacidad de engrandecer hasta lo mas simple y humilde. Que dios te siga bendiciendo para que sigas entregando tu hermoso don a todos los que podemos leerlo. Gracias por compartirlo.

  14. Ricardo Aragón

    14

    Es un buen intento de cuento, pero creo que te falta mucho todavía. Hay que dejar de abusar de la retórica y el vocabulario intrincado, porque de hecho considerándome buen lector, me sentí agotado casi a la mitad del cuento, y no me dieron ganas ni de seguir leyendo. Como dice la frase de Sábato, “Un buen escritor expresa grandes cosas con pequeñas palabras; a la inversa del mal escritor, que dice cosas insignificantes con palabras grandiosas”. Probablemente tus obras vayan mejorando con el tiempo, de todas formas gracias por compartirnos tu arte. Saludos.

  15. Raul

    15

    Jorge que facilidad para expresar lo que siente, te felicito

  16. Camy

    16

    Que excelente cuento, hay muchas cosas del cuento que también comparto, sólo que nunca había encontrado las palabras para poder expresarlo … está muy bueno felicidades!

  17. gabi

    17

    uf que largo, pero valió totalmente la pena leerlo completo, ya que es un excelente texto.
    Felicitaciones!!

  18. Marcelino

    18

    Buen día.
    Me es grato el comentar este Gran Trabajo Literario, mis congratulaciones Jorge, Dios te continúe dando la sabiduría par continuar creando obras de este tipo. Al leer este trabajo, realmente me has permitido el remembrar gratos e inolvidables momentos acaecidos en “Mí Calle”. Un Fuerte abrazo.

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