Los malditos censos

dic 2014


¿Alguno de ustedes se imagina que un hijo suyo naciera en un establo?
Hace un par de miles de años, el emperador César Augusto dispuso que en la provincia romana de Judea se llevara a cabo un censo. Como han de saber, en ese entonces las personas debían dirigirse a sus respectivos lugares de origen para ser empadronadas. Pues bien, este censo fue la causa de que Jesús tuviera que nacer en un establo, sin ninguna comodidad y en las peores condiciones de salubridad. Desde entonces los censos quedaron malditos.
En cualquier situación en que se practique un censo, la información que se obtiene contiene una increíble cantidad de error. Se dice que el sólo hecho de traspasar manualmente datos de un medio a otro, hecho con acuciosidad, introduce un cinco por ciento de error. A eso hay que agregar el error mucho mayor, producto de la enorme cantidad de encuestadores que intervienen, que no reciben una buena capacitación, no se les selecciona, y no se controla la calidad del trabajo que realizan. La suma de estos errores, y otros cometidos cuando se realiza un censo, recibe el nombre de “error no muestral”. Lo grave es que no hay modo de cuantificar de manera alguna la magnitud de este error no muestral.
Recibimos la información proporcionada por un censo como si fuera la verdad más absoluta. El error introducido en un censo es tan grande, que el hecho que en este último censo practicado en Chile en 2012 haya habido una importante cantidad de hogares sin censar, resulta casi irrelevante. Se dice que el último censo ha entregado resultados que son erróneos. Es cierto, pero resulta que todos los anteriores también. ¿Cuál ha sido el más malo? Posiblemente éste haya sido el peor de entre los malos.


La información que provee un censo se puede obtener a través de muestras. Un muestreo bien hecho entrega información de calidad superior a la de cualquier censo. Es cierto, la muestra contiene error por el hecho mismo de tratarse de una muestra, y no de toda de la población. La mayor parte de los sujetos quedan fuera del estudio. Ese se llama “error muestral”. Pero es causado por el azar. Y existen modelos matemáticos que explican el comportamiento de ese azar, y permiten describir las probabilidades de error que se comete, y cuantificar el riesgo. Eso es mucho mejor que tener un error incuantificable como el que produce el censo.
¿En este último censo faltó censar a un millón y medio? ¿Dónde quedó la única ventaja que tendría el censo, que es el hecho de observar a toda la población completa? Un hecho que en la práctica nunca se cumple. Un censo en teoría no tiene error muestral, pero somos testigos que en la práctica si lo tiene, por tratarse de algo tan monstruosamente grande, que se vuelve inmanejable. Pero además tiene error no muestral, que es mucho más grande e inconmensurable.
Para obtener información a través de muestras se requiere de un pequeño contingente de encuestadores, que pueden estar muy bien capacitados, seleccionados, y sobre cuyo trabajo es factible de aplicar controles adecuados. Eso no es válido para un censo. Además, buena parte de la información que se requiere debería estar disponible en organismos del estado, “online”.


Hasta inicios del siglo 20 no se concebía que la información pudiera ser obtenida por otros medios que no fueran censos. No fue sino hasta la década de 1920 que se aceptó que se podía generar información a través de muestras. Desgraciadamente los censos aún están instalados en muchas cabezas que toman decisiones y que llevan un retraso de 90 años en lo que es obtención de información.
Los que defienden los censos dicen que son la única forma de obtener la información exacta sobre determinada característica de la población. ¡Pamplinas! No sólo no es exacta, por el error introducido, sino que se vuelve obsoleta antes que se alcance a procesar los datos entregados por le censo.
Estoy seguro que en 20 o 30 años más, los censos serán cosa del pasado. Pero ¿por qué no partir ahora ya? Hagamos un gran hoyo en la tierra y sepultemos los censos para siempre, y pongámonos al día. La información que supuestamente proveen los censos, se puede obtener de mejor calidad a través de un muestreo bien hecho, a un costo varias veces menor. Con lo que cuesta esta monstruosidad que se hace cada diez años, se podría obtener información mejor a través de muestras, todos los años.


Se podría partir con una muestra de, digamos unas 100.000 personas seleccionadas al azar, de acuerdo a un método científicamente correcto. Y a medida que se repite año a año, la información obtenida permitiría disminuir los tamaños de las muestras en estudios sucesivos, obteniéndose resultados mejores, a menores costos. Es decir, podríamos disponer de información actualizada cada año, invirtiendo la misma cantidad de recursos que con los censos, que se hacen cada diez años. Pero para eso habría que partir poniendo en el Instituto Nacional de Estadísticas, INE, a científicos especialistas en temas estadísticos.
Y así echar por tierra el paradigma de que “se hace así porque siempre se ha hecho así”. LM

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